Zinea eta giza eskubideen iv. Topaketak.

MILITARISMO

Apenas hay países que no tengan ejército, por pobres que sean, y sólo en unos pocos es este profesional: el resto se nutren del servicio militar obligatorio, bajo diversas fórmulas. La industria armamentística es uno de los principales sectores económicos mundiales, en el que hay que incluir un importantísimo mercado negro. El militarismo, por tanto, tiene muchas caras, desde el imperialismo a la beligerancia totalitaria, y nunca termina de estar ausente en los diferentes grados de las políticas “de defensa” (la casi totalidad de los ejércitos del mundo se presentan como fuerzas defensivas, como garantes de un pacto tácito de no agresión, y sin embargo las agresiones se acaban produciendo). Parece aún muy lejana la utopía de un planeta desmilitarizado.

En las últimas décadas ha ido descendiendo el número de guerras en el mundo, pero a pesar de ello hoy hay más de treinta, la mayoría en África, nutridas de armamento producido en los países más ricos. Los golpes de estado y las dictaduras sustentadas en un ejército que usurpa la voluntad popular son también una de las peores manifestaciones de militarismo.

Y es que este es, antes que nada, una visión reductora y totalitaria de la realidad y del ser humano, al que convierte en un simple medio para afirmar una voluntad de poder. Relega la democracia y la pluralidad a favor de la acción directa con el objetivo de establecer siempre un sometimiento de aquellos que pueden ser vencidos por la fuerza.