Zinea eta giza eskubideen iv. Topaketak.

DERECHO HUMANO AL AGUA POTABLE

En casi todas las civilizaciones del mundo el agua es la protagonista de los mitos fundacionales. Del Génesis al Corán, de Hesíodo y Homero a los egipcios, de los aztecas al Tao, el agua está en el origen de la vida. El agua es la vida.

Y sin embargo el agua es un recurso casi inaccesible para una gran parte de la humanidad. Un tercio de la población mundial vive en países que sufren la falta de agua, y en 2025 se calcula que la cifra puede llegar a los dos tercios. En la actualidad más de 1.100 millones de personas en el mundo carecen de acceso regular al agua potable para beber, lavarse, cocinar o satisfacer sus necesidades básicas de saneamiento. A causa de ello cinco millones de personas mueren cada año, de las que dos millones son niños y niñas.

Es además una terrible paradoja que el agua resulte más cara para aquellos más desfavorecidos. En los países en vías de desarrollo una familia puede llegar a dedicar el 20 ó 30 % de sus ingresos al agua, que muchas veces ni siquiera reúne las condiciones de salubridad exigibles.

La falta de acceso sostenible al agua en tantas regiones del mundo hace muchas décadas que constituye uno de los más crueles indicadores de pobreza y subdesarrollo. Pero en los últimos años el problema se ha agudizado, hasta el extremo de que en los foros internacionales ya se vaticina una próxima crisis mundial del agua, que se está convirtiendo rápidamente en un recurso estratégico de igual o mayor importancia que el petróleo, y motivo, por tanto, de disputas económicas y políticas que pueden acarrear numerosos conflictos mundiales.

Por esta razón, el debate sobre el agua está cada vez más presente en la agenda de las instituciones locales, nacionales y transnacionales, de modo que, aunque con gran retraso, la opinión pública y la comunidad internacional están empezando a comprender que debe responderse a la gravedad y urgencia de este problema con medidas de mayor alcance. Pues los retos no están tanto en los recursos totales, que son suficientes, como en las prioridades de los dirigentes políticos.

Porque la crisis mundial del agua es, antes que nada, una crisis de la gestión del agua. Las mejoras en la explotación y tratamiento de este recurso, gracias al avance tecnológico, pueden garantizar un abastecimiento suficiente para toda la humanidad, más allá de las reglas del mercado.

La perspectiva económica del abastecimiento del agua debería ser, por el contrario, aquella que comprende que la inversión que se requiere para alcanzar ese objetivo es, además de un compromiso ético, una inversión de futuro en salud y crecimiento económico de las poblaciones que se ven lastradas por las enfermedades y la escasez.

La actividad económica también puede afectar desde otro ángulo al abastecimiento universal del agua: el cambio climático, que tiene su origen en parte, según un acuerdo casi unánime de la comunidad científica, en las emisiones de gases de efecto invernadero. Esta acción contaminante puede tener consecuencias nefastas para los recursos hídricos en amplias regiones del mundo, entre las que se encuentran muchos lugares que tienen ya graves problemas de abastecimiento de agua.

Es difícil, por tanto, exagerar la importancia de las cuestiones en torno a este recurso esencial. No es casual que la próxima Exposición Internacional (Zaragoza 2008) esté dedicada al agua y al desarrollo sostenible, ni que una de las prioridades actuales del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) sea remediar esa crisis mundial del agua, que se presenta como uno de los mayores obstáculos para el desarrollo humano y la consecución de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM). Estos Objetivos se marcan, entre otras, la meta de reducir a la mitad, para el año 2015, el porcentaje de personas que carecen de acceso sostenible a agua potable, ya que es fácil concluir que si no se cubre la necesidad básica de agua, cualquier otro empeño de desarrollo resulta inviable.

Precisamente el último Informe de Desarrollo Humano de las Naciones Unidas (2006) analiza el problema del agua desde múltiples perspectivas y a lo largo y ancho del globo. Su conclusión fundamental es que “el abastecimiento de agua segura y asequible debería ser un derecho humano básico”. Este enfoque, que vincula el agua y los derechos humanos, es la garantía para abordar una solución integral a la cuestión del agua en un mundo en el que este recurso clave puede acabar definitivamente sometido a las directrices de una economía globalizada.