Logotipo Festival de Cine y Derechos Humanos
  • Usted está en:
  • Inicio
  • Temas
  • Desastres naturales e incompetencia humana

Desastres naturales e incompetencia humana

El término “desastre” hace referencia a las enormes pérdidas humanas y materiales ocasionadas por fenómenos como terremotos, huracanes, deslizamientos de tierra, inundaciones, deforestaciones, contaminación ambiental, etc. A pesar de que tradicionalmente se considera que la naturaleza es la principal causante de estos desastres y que 9 de cada 10 están relacionados con el clima, el informe Reconsiderar los desastres elaborado por Oxfam Internacional, afirma que, en numerosas ocasiones, es el ser humano quien provoca que un fenómeno natural extremo se convierta en una catástrofe humanitaria de proporciones ilimitadas. La pasividad de ciertos gobiernos, la mala gestión y decisiones desafortunadas contribuyen en muchos casos a la ampliación del problema.

En las dos últimas décadas el número de catástrofes relacionadas con el clima se ha multiplicado por cuatro, pasando de una media de 120 al año a principios de los 80 a unas 500 en la actualidad. La cifra de personas afectadas, que lógicamente también se ha visto incrementada, ha dado lugar a las llamadas migraciones poblacionales forzadas, es decir, personas desplazadas como consecuencia de fenómenos climatológicos adversos, que se ven obligadas a abandonar sus lugares de origen y emigrar hacia otras zonas en busca de una alternativa de vida.

Todos los datos hacen pensar que este tipo de migración, por razones medioambientales y climáticas, pronto superará la capacidad y los recursos económicos actuales de los países, convirtiéndose en uno de los principales problemas políticos de este siglo. Las inundaciones, los incendios, las sequías y la subida del nivel del mar obligarán a millones de personas a trasladarse hacia zonas más habitables del planeta. Sin embargo, estos nuevos “refugiados/as”, que ya superan a los desplazados por conflictos bélicos, aún no están contemplados entre los objetivos de la Ayuda Internacional.

En la actualidad existe un debate abierto que plantea la concesión del término “refugiado/a” a las personas que, afectadas por catástrofes naturales, se han visto obligadas a abandonar sus lugares de origen. El PNUMA (Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente) define a los refugiados/as como “aquellas personas que se ven forzadas a abandonar temporal o permanentemente su entorno a consecuencia de un fuerte deterioro de ese entorno (por causas naturales o humanas) por lo que su existencia y/o su calidad de vida se ven seriamente perturbadas". El deterioro del entorno implica "cualquier cambio físico, químico y/o biológico del ecosistema, que lo hace temporal o permanentemente inadecuado para ser habitado”.

La legislación internacional relativa a los refugiados/as existe desde hace cincuenta años y fue redactada a raíz del gran número de desplazados/as por la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, en la actualidad, la población huye de sus tierras también por otras razones que nada tienen que ver con la guerra o la violencia y que no son reconocidas oficialmente. Esto implica que, en muchas ocasiones, los/as refugiados/as medioambientales no puedan contar con el apoyo material o jurídico necesario.

Aunque las previsiones sobre el futuro de estas migraciones de población debido al cambio climático son variadas, parece que el cálculo realizado por el catedrático de la Universidad de Oxford Norman Myers es el más aceptado. Según su teoría, en el año 2050 la población actual de refugiados medioambientales se multiplicaría por diez. El PNUMA señala que sólo en Africa podría haber 50 millones de refugiados medioambientales en 2060 y se calcula que, en la década de 2080, millones de personas sufrirán inundaciones de forma anual, debido al crecimiento del nivel del mar. Además, las principales consecuencias de la migración masiva serán el aumento de las crisis humanitarias, la aceleración de la urbanización y el estancamiento o retroceso del desarrollo de muchos países.

El cambio climático, además, está muy relacionado con la pobreza. Sus impactos negativos afectan en mayor medida a los países con menos recursos debido a su situación geográfica y a su imposibilidad de prevenir, detectar y evaluar los riesgos climatológicos. Entre los años 2000 y 2004 este tipo de desastres afectaron a unos 262 millones de personas, de los cuales el 98% pertenecían a los denominados países en vías de desarrollo. Como dato, en Francia el presupuesto para fines meteorológicos es de 388 millones de dólares anuales, frente a los 2 millones anuales de Etiopía.

En demasiadas ocasiones la comunidad internacional y muchos gobiernos se han caracterizado por su incapacidad y/o falta de voluntad para aportar soluciones preventivas a las catástrofes o desastres naturales y por su ineficacia a la hora de afrontar las crisis que provocan los fenómenos ligados a la naturaleza o al cambio climático.

Uno de los casos más recientes ha sido el del huracán Katrina, en Nueva Orleans (Estados Unidos). La falta de previsión de las autoridades y su ineptitud para afrontar y gestionar la situación posterior convirtieron un suceso natural en una catástrofe humanitaria y política sin precedentes, lo que generó una sensación de abandono y desconfianza total hacia la Administración Bush por parte de la población norteamericana, además de numerosas críticas internacionales. Se estima que el Katrina causó daños materiales por 75.000 millones de dólares y costó la vida a 1.836 personas.

Links de interés: