Cine y libertad de expresión

En los últimos años Irán ha perseguido a un número creciente de sus cineastas, actores y actrices por mostrar realidades de su país que no se ciñen a las versiones oficiales. El hecho de que una buena parte continúen aún en prisión y otros/as sufran prohibiciones que les impiden ejercer su profesión, ilustra los desesperados esfuerzos de las autoridades iraníes por reprimir cualquier forma de disidencia. Algunos directores/as optan por el exilio y trabajar libremente; otros como Jafar Panahi o Mohammad Rasoulof deciden quedarse y usar su alcance mediático de reconocimiento internacional para hacer presión.

Desde enero de 2010 la difusión sin autorización previa en cadenas de televisión extranjeras se considera “delito de colaboración con servicios de seguridad enemigos” y está prohibida, al igual que entrevistarse con organizaciones internacionales de defensa de los derechos humanos. El castigo de cárcel sirve, además, de medida ejemplarizante y disuasiva para las nuevas generaciones de cineastas emergentes.

Amnistía Internacional se está haciendo eco de la represión a la que está sometido el sector del cine en Irán desde que en septiembre de 2011 seis cineastas iraníes fueran arrestados/as, tres de los cuales se sospecha podrían seguir en la cárcel, porque se desconoce su paradero. Amnistía Internacional los considera presos/as de conciencia, ya que sufren penas de prisión únicamente por ejercer pacíficamente su derecho a la libertad de expresión en su ámbito de trabajo.

Film: Esto no es una película

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