Acción colectiva y nuevos espacios políticos

El 15M supuso una ruptura en el modo de compartir públicamente cuestiones políticas y sociales que afectan la vida de las personas. Las primeras acampadas y asambleas dieron paso a la acción colectiva más allá de las típicas fórmulas de protesta. La plaza fue el lugar de encuentro donde escucharse y reconocerse en problemas comunes a una gran mayoría, con la participación de muchas personas sin experiencia política previa. La fuerza del 15M no venía precisamente del activismo, sino más bien de gente cualquiera que se sintió interpelada por algo nuevo y distinto, difícil de clasificar o etiquetar. De hecho, muchas personas militantes de movimientos sociales reconocían sentirse desubicadas.

Los encuentros en la plaza tejieron complicidades entre desconocidos/as, ante el manifiesto potencial de la colectividad como generador de cambio. Rápidamente en la plaza de Sol se dio paso a la coordinación autogestionada que conectaba redes presenciales y plazas con otras más distantes y todo el proceso tomó una dimensión global.

El propio tejido organizativo del 15-M buscaba posibilitar una participación inclusiva, horizontal, distribuida e interconectada. Surgieron comisiones vinculadas a temáticas específicas. Las cuestiones y las propuestas abordadas se compartían y se consensuaban en asambleas y después se compartían a través de Internet, mayormente en redes sociales. Las personas que acudían interesadas estudiaban en los espacios de coordinación el modo de colaborar aportando sus conocimientos y habilidades. Las participaciones masivas en las asambleas se dieron paso en turnos de palabra y se generaron códigos propios del 15M, como usar las manos para comunicarse sin interrumpirse. Todo en claves de diálogo, de respeto a la diversidad de opiniones y de no violencia.

Pero más allá de generar una estructura organizativa, el 15M ha dejado un nuevo clima social que ha devuelto la confianza colectiva en la capacidad de cambiar las cosas. En Sol el clima era de alegría ante el inusual escenario de encontrarse juntos/as cooperando en una sociedad individualizada y de competencia. Las revoluciones en el mundo árabe y, también, la victoria contra banqueros y gobernantes en Islandia son referentes con un mensaje muy claro: "Sí, se puede".

El 15M ha puesto en cuestión la realidad oficial que a diario ocupan los espacios informativos tradicionales donde se presupone que las personas poco o nada pueden hacer ante la situación de crisis global, salvo asumirlo como una dura realidad que viene dada: es lo que hay. Sin embargo, el 15M ha permitido quitarse el peso de esa realidad oficial y dibujar un nuevo mapa de lo posible. Ha hecho sentir a mucha gente capaz de producir otra realidad. Ha abierto el espectro de lo se puede ver, pensar, sentir, expresar y hacer. Como que es posible pensar y hacer política sin estar afiliado/a a un partido ni ser siquiera militante de un movimiento social. El uso de Internet y la Red es ya cotidiano y también se utiliza para construir colectivamente otro punto de vista sobre la actualidad. Se ha cuestionado la identificación entre democracia y capitalismo. La realidad antes invisible de los desahucios está ahora a la vista de todas las personas. El 15M ha abierto esos nuevos mapas. La situación macro sigue igual, pero ahora se puede ver desde otros sitios. Y eso ha generado alegría, un nuevo clima emocional.

El 15M también ha hecho un uso inteligente de la no violencia y de la desobediencia civil no violenta como táctica propia de los movimientos de cambios sociales para generar consenso social, para conseguir el apoyo de la mayoría de la sociedad, para dejar claro que quien actúa con métodos ilegítimos es el aparato de poder. Es decir, el cambio social siempre implica momentos de enfrentamiento brusco con el poder porque las clases dominantes no aceptan perder el control de forma pacífica y se defienden con contundencia, como hemos comprobado en momentos diferentes.

Las semanas de acampada en Sol fueron un tiempo excepcional, pero para la mayoría de personas resulta muy complicado habitar una excepción. Llegó un momento en que las acampadas concentradas en puntos centrales de las ciudades vieron la necesidad de multiplicarse y distribuirse por la ciudad, a escala de proximidad, de insertarse en los espacios de vida común de los barrios, repensar los ritmos, adecuarlos para hacerlos sostenibles y compatibles con la vida diaria.

Sin duda, el 15M ha contribuido a entrenar la agilidad para multiplicar y coordinar acciones de movilizaciones que nacen de la base de la ciudadanía en relación a temáticas concretas y focalizadas: 25-S con la acción de rodear el Congreso, para pedir la dimisión del Gobierno y el inicio de un proceso constituyente; 15-O, jornada mundial de movilización por un nuevo modelo económico celebrada el 15 de octubre; diversas mareas ciudadanas: Marea Blanca, en defensa de la sanidad pública; Marea Verde, en defensa de la educación pública; Marea Roja, movimiento ciudadano de desempleados en lucha; LA PAH, Plataforma de Afectados por la Hipoteca; Marea Naranja, en defensa de los servicios sociales, etc.

Distintas iniciativas han acercado el 15M a la vida cotidiana. Algunas personas involucradas en la música, el cine o la edición editorial se han replanteado su trabajo cotidiano tras el 15M y han aportado algo propio a lo común. Así surgen los proyectos Robo, 15M.cc o Bookcamping, entre otros. Pero por las plazas pasaron también personas cuya labor diaria es anónima: maestros/as, enfermeros/as, trabajadores/as sociales, psicólogos/as, informáticas, estudiantes, periodistas. Resulta pertinente preguntarse en qué sentido se ha visto alterada su mirada, su práctica y su estar en el mundo tras el encuentro con el 15M. Esos pequeños cambios en las personas son sin duda la base de la próxima ola.

Film: Libre te quiero

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