Pensamiento, arte y política desde una perspectiva feminista

La creación contemporánea cuestiona dos modos de acercarse a la realidad: cómo pensarla y cómo transformarla; es decir, cuestiona la representación y la intervención. Pensamiento y prácticas artísticas se relacionan estrechamente y el ritmo, cada vez más, viene marcado por el activismo. Se buscan nuevos modos de confrontar, de afectar, de estar, de percibir, de sostener, de situarse una misma en la realidad... más allá del juego espectacular en el que "nadie juega y todos y todas miran", se invita a otras personas a participar en la construcción de sentido, desde lo personal.

Las performances, las acciones directas, utilizan el cuerpo y sus potencialidades como la voz, el tacto, el movimiento y lo visceral para poner en cuestión las formas de relacionarse con el mundo y la realidad y para hacer conscientes sus efectos sociales y políticos. Porque lo personal es político, como ya anunciaban las vindicaciones feministas de los 70. Al exponerse e implicarse públicamente con la realidad que las somete y deslegitima políticamente, estas mujeres muestran formas personales de violentar esa realidad. Desafían el carácter anestesiante de las estructuras de poder, rompen la distancia con el mundo y hacen de él su campo de batalla de modo que ellas mismas, su identidad y seguridad, resultan las primeras afectadas.

Solo cabe decir que el juicio de las Pussy Riot es en sí mismo una performance incluso más obscena que la propia plegaria punk protagonizada semanas antes de las elecciones presidenciales rusas de 2012 en el altar de la catedral de Cristo Salvador, el templo de Moscú más emblemático de la Iglesia Ortodoxa Rusa. Aquí y allá, la represión de Estado está en la vanguardia, protagonizando las más impresionantes y provocadoras performances. Y esta banda de mujeres ha conseguido poner en evidencia ante el mundo la esencia autoritaria del régimen de Putin.

En diversos textos, entrevistas y performances las Pussy Riot se declaran feministas radicales y reconocen que la clave de sus acciones es la crítica feminista a Putin y al actual Estado Ruso. Contrario a su pasado, como agente de la KGB al servicio de un régimen comunista y radicalmente ateo, Putin se alía a la Iglesia Ortodoxa para llegar al poder en el 2000. Lo hace consciente de que la Iglesia es parte de la tradición nacional, vestigio de la era de los Zares, y consciente del poder prominente que ha retomado tras la caída de la Unión Soviética, pues es la institución que en la actualidad recoge mayor número de fieles en Rusia.

Desde 2006 y sobre todo a lo largo de 2012, bajo la influencia de la Iglesia Ortodoxa, el gobierno ruso ha ido progresivamente modificando leyes locales para prohibir la promoción de "relaciones sexuales no tradicionales" de modo que la información sobre la homosexualidad está castigada, al igual que cualquier idea o eslogan que reclame derechos para el colectivo LGBT y su reconocimiento social. Este cambio de normativa está provocando en la calle numerosas agresiones con total impunidad hacia el colectivo LGTB. Además, la Iglesia se declara abiertamente contraria a la democracia liberal, al feminismo y al matrimonio gay, entre otros.

Hay quienes consideran que el fenómeno Pussy Riot forma parte de la subcultura del activismo multimedia y otros, de un movimiento artístico de acción. Lo cierto es que en Rusia la cultura de los medios e Internet brota con vocación activista. Tras la disolución de la URSS y la serie de catástrofes económica, social y ecológica que le siguen, en un contexto marcado por la crisis constitucional, el colapso económico del 98, la terapia del shock y dos guerras chechenas, entre otros factores, se generaliza la despolitización total de la sociedad y el descrédito hacia toda forma de política pública. La mayoría de la población rusa se entrega sumisamente a la vida privada y al consumo durante la denominada "estabilidad Putin". En este contexto, las redes sociales populares sirven como medios tácticos para la movilización, agitación y para compartir ideas entre activistas. Las Pussy Riot surgen así, como iniciativa propia de algunas activistas del grupo de arte callejero Voina a las que se irán sumando otras mujeres.

Como artistas conceptuales, se puede decir que las Pussy Riot encarnan una idea. De ahí que lleven los pasamontañas, máscaras privadoras de individualidad y liberadoras de anonimato. El pasamontañas transmite que no importa quien de todas ellas esté presente, pues en sus acciones no son individuos son una idea. Y ahí está el potencial y también la amenaza. Puede resultar fácil arrestar a un ser humano, pero es imposible encerrar una idea.

"El arte no es un espejo para reflejar la realidad, sino un martillo para darle forma" (Bertolt Brech)

Film: Pussy Riot: Una plegaria punk

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