Movimiento “okupa” en Euskal Herria

El nacimiento del movimiento squatter, denominación inglesa de okupa, se sitúa entre Gran Bretaña y Holanda, y rápidamente se extendió por el viejo continente. En Euskal Herria, como en el Estado español, el movimiento okupa surge en los años 80 ante la creciente dificultad de acceso a la vivienda, ya que el sector inmobiliario es objeto de fuerte especulación. En esa década, los precios de la vivienda se disparan al mismo tiempo que aumenta el desempleo y la precariedad laboral. Estas circunstancias afectan principalmente al sector juvenil y, en general, a la clase trabajadora, la desempleada y en situación precaria.

Los procesos especulativos relacionados con la vivienda se han sucedido al amparo del derecho a la propiedad privada, entre otros factores, y han contribuido a la proliferación de más y más casas vacías; casas sin función social alguna. Esta situación contrasta con la creciente dificultad del acceso a un techo y un proyecto de vida para muchas personas y familias en los últimos 20 años, que ha ido retrasando más y más la edad de emancipación.

La Okupación se puede definir como "movimiento social mayoritariamente juvenil y urbano". Representa una alternativa de ejercicio de poder de la sociedad civil, basada en acciones colectivas de carácter político no convencional, como es la desobediencia civil no violenta. Además de resolver necesidades puntuales de vivienda y representar para la juventud una alternativa de emancipación, tiene por objetivo dejar en evidencia y criticar el modelo económico y social hegemónico por su nula garantía de derechos fundamentales y por la sistemática privación material de las necesidades básicas de supervivencia.

Una motivación fundamental para la okupación consiste en la búsqueda de espacios culturales liberados donde poder ejercer la participación directa, desarrollar proyectos políticos y culturales antagonistas, activar proyectos de vida y generar hábitos propios de las subculturas juveniles. Destaca por la resistencia al sistema capitalista y su dominación mediante la activación de mecanismos alternativos de relación, de acción y de autoorganización, como parte fundamental de las transformaciones sociales que persiguen. Así, se puede decir que el movimiento okupa junto con el movimiento de insumisión antimilitarista y otros, forma parte de un cambio de planteamiento de las izquierdas en las formas de protesta y organización social, al buscar nuevos métodos de acción para la transformación social.

Okupar es una forma de pensar y actuar ante la vida. Es un acto social de subversión política, crítica y radical. Por eso resulta común que los Centros Sociales Okupados (CSO) pongan a disposición de otros colectivos y movimientos afines espacios donde reunirse y organizarse. Este movimiento ha confluido con movimientos sociales diversos de carácter antifascista, antimilitarista, feminista, ecologista o antiglobalización.

Han proliferado múltiples artículos periodísticos que han contribuido a socializar estereotipos criminalizadores del movimiento okupa, que ocultan su capacidad crítica, creativa y generativa de proyectos. Sin embargo, cabe destacar que la okupación no era delito en el Estado español hasta 1996, siempre que se demostrara el abandono del edificio okupado, la buena fe y el uso propio por quien okupaba. Es más, el disfrute de un bien inmueble abandonado era un derecho reconocido de larga tradición, de herencia romana, denominado derecho usucapir. Aquí, nadie iba a la cárcel por okupar. Esto cambió a partir del llamado "Código penal de la democracia", en el año 1996, cuando la okupación pasó a ser un delito que podría conllevar penas de prisión. Es preciso señalar que este cambio en el código penal sucedió al mismo tiempo que se endurecía la criminalización de la insumisión al servicio militar obligatorio, en un intento de dinamitar los movimientos sociales juveniles más activos en ese momento, cuya estrategia era la desobediencia civil. Sin embargo, este cambio de legislación no evitó que ambos movimientos ganaran apoyos y se agravaran los conflictos planteados.

Las experiencias de okupación han sido muy diversas en los últimos 30 años. Algunas han tenido más proyección pública y apoyo social, con una dimensión más colectiva, mientras otras se han recogido y han mirado hacia adentro, como una vía personal. En cualquier caso, cabe considerar que este movimiento, con sus prácticas cotidianas y sus métodos de acción, ha sabido encontrar las grietas del sistema que pretende transformar y ha sabido gestionar la tensión de su lucha desde la posición vulnerable, dejando en evidencia clara la brutalidad del aparato de estado, denominado de bienestar.

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