Guerras endémicas

Tras diferentes épocas de dominación por parte de Egipto y Reino Unido, el 1 de enero de 1956 Sudán –de mayoría musulmana en la parte norte y cristiana en la parte sur– consiguió su independencia. Desde entonces, hasta que Sudán del Sur logró su propia independencia en 2011, el país estuvo sumido en una cruenta guerra civil, de base religiosa, en la que murieron más de dos millones de personas.

Cuando el norte y el sur quedaron definitivamente disgregados y se constituyeron dos nuevos estados soberanos –la República de Sudán (de capital Jartún) al norte y Sudán del Sur, con capital Yuba– parecía que los problemas habían quedado atrás. Sin embargo, apenas dos años después de la independencia estalló una nueva guerra civil en Sudán del Sur; esta vez en vez de tratarse del confrontamiento entre poblaciones cristianas y musulmanas se trataba de la oposición entre las etnias principales: dinka y nuer.

A pesar de que en agosto de 2015 el Gobierno y los rebeldes, presionados por la comunidad internacional, firmaron un acuerdo de paz por el que se debía crear un gobierno de transición, las tensiones persisten. 60 años después del fin de la colonia, el patrón de comportamiento se repite, independientemente de que los enfrentamientos estén basados en la religión o en la etnia. Habría que preguntarse, entonces, qué papel juega la gestión del petróleo y otros recursos naturales en estas guerras endémicas.

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