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México, narcotizado

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Tempestad

La Corte Interamericana de Derechos Humanos emitió un informe en marzo de 2016 en el que denunciaba que México padece una grave crisis de violencia e impunidad. Reconoce el origen sistémico de esta violencia, pero señala como desencadenante el comienzo de la guerra contra los carteles del narcotráfico, emprendida por el anterior presidente Felipe Calderón en 2006.

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El informe hace especial énfasis en las desapariciones forzadas, y subraya que dispone de información consistente sobre la participación de agentes del Estado en las mismas; cuando menos, sobre la connivencia o tolerancia de las autoridades. Considera la desaparición forzada, sucedida en 2014 en Iguala, de 43 estudiantes de magisterio de la escuela rural de Ayotzinapa como un ejemplo de la colaboración entre agentes del Estado y el crimen organizado, y lo califica incluso de un patrón de comportamiento. En total, se recoge la cifra de 26.789 personas “no localizadas”.

El 98% de estos delitos quedan impunes.

Las ejecuciones extrajudiciales, la tortura en las cárceles y centros de detención, así como la dificultad de acceso a la justicia, y el hostigamiento y amenazas a las personas que buscan la verdad, han creado una situación de impunidad calificada de estructural. De hecho, el 98% de estos delitos quedan impunes.

El actual Gobierno mexicano de Enrique Peña Nieto, por su parte, ha refutado el informe, y considera que el de Iguala no es más que un caso aislado.

Mientras tanto, las organizaciones sociales, familiares de víctimas, personas defensoras de derechos humanos y periodistas tratan de sacar a la luz los casos de violencia y destapar la relación entre el narco y el Estado, lo que les convierte, a su vez, en blanco de las mafias y las autoridades.

México vive amedrentado y atemorizado por una inseguridad ciudadana y una violencia que no cesan. En 2016 se registraron 57 asesinatos cada 24 horas, datos más elevados que los de países en guerra como Irak o Afganistán. Pero, ¿por qué tanta violencia? ¿Cuál es su origen? ¿Cuál podría ser la vía para empezarla a desmantelar?

En 2016 se registraron 57 asesinatos cada 24 horas, datos más elevados que los de países en guerra como Irak o Afganistán.

Cabría preguntarse, si las drogas se trafican hacia el Norte, ¿qué se trae a cambio? ¿Solamente dinero o también se comercia con armas y municiones? ¿Por qué las drogas se siguen colando por una frontera cada vez más infranqueable para las personas? ¿Será que existe la voluntad de dejarlas pasar? ¿Y quién las recibe al llegar a destino?

Si todo el mundo ha oído hablar de los Zetas, del Cartel de Sinaloa o del Chapo Guzmán, ¿por qué no sabemos nada de los carteles de Nueva York, Miami o Los Ángeles? ¿Quién está detrás de ellos? ¿En el Norte también existe connivencia entre carteles y autoridades?

Preguntas (todavía sin respuesta) que quizás nos podrían dar alguna pista para comprender mejor la narcotización de México.

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