José Luis Borau

Crítico de cine en Heraldo de Aragón (Zaragoza) desde noviembre de 1952 hasta enero de 1956; alumno brillante del IIEC (la vieja escuela de cine) que forma parte, en 1960, del “cabo de buena esperanza” –un grupo de licenciados que oficia como germen del posterior Nuevo Cine Español– antes de dirigir, por encargo laboral, sus dos primeros largometrajes profesionales –Brandy (1964) y Crimen de doble filo (1965)–; productor y director de publicidad, creador de numerosos spots muy populares en la televisión de los años sesenta; profesor de guion en la EOC (Escuela Oficial de Cinematografía: el nuevo nombre que toma aquella misma escuela a partir de 1962), admirado y respetado por discípulos como Iván Zulueta, Manuel Gutiérrez Aragón, Pilar Miró, Antonio Drove, José Luis García Sánchez, Ángel Fernández-Santos, Fernando Méndez-Leite, Josefina Molina, Cecilia Bartolomé o Luis Megino; realizador de varios programas documentales de televisión entre 1965 y 1968; productor de cineastas como Iván Zulueta –Un, dos, tres, al escondite inglés (1970)–, Jaime de Armiñán –Mi querida señorita (1972)– o Gutiérrez Aragón –Camada negra (1977)–; productor de todas las películas personales que ha dirigido a partir de 1973 –Hay que matar a B (1975), Furtivos (1975), La sabina (1979), Río abajo (1984), Tata mía (1986), Niño Nadie (1997) y Leo (2000)–; distribuidor también de alguna de ellas; guionista de todas, sin excepción; intérprete importante en una –Furtivos–, protagonista de otra realizada por Gutiérrez Aragón –Malaventura (1988)– y con una presencia más humilde o episódica en muchas más de otros realizadores; presidente de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas entre 1994 y 1998; miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Luis (Zaragoza), de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (Madrid) y de la Real Academia Española de la Lengua; creador de la fundación que lleva su nombre, puesta en marcha en 2008 para becar a estudiantes de cine y para impulsar trabajos de investigación...