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Una niña o niño soldado, según la definición de Naciones Unidas, es cualquier menor de 18 años reclutado por fuerzas armadas o grupos armados, para combatir, espiar, transportar cargas, realizar tareas de mensajería o con fines sexuales.

Durante décadas, el reclutamiento de menores marcó de forma brutal los conflictos de África Occidental. Entre 1989 y 2003, las guerras civiles de Liberia y Sierra Leona —con efectos también en zonas fronterizas de Guinea— incorporaron a miles de niñas y niños a las filas de milicias y ejércitos irregulares sanguinarios. La gran mayoría procedían de secuestros durante ataques a aldeas.

Así, grupos armados como el National Patriotic Front of Liberia (NPFL), liderado por Charles Taylor, o el Revolutionary United Front (RUF) de Sierra Leona, dirigido por Foday Sankoh, convirtieron el reclutamiento infantil en parte de su estrategia militar. A menudo, se sometía a las y los menores a una feroz socialización en la violencia, se les obligaba a consumir drogas y a cometer atrocidades para romper cualquier vínculo con su vida anterior.

Según estimaciones oficiales, en la actualidad alrededor de 300.000 niñas y niños siguen siendo utilizados como soldados en conflictos armados en distintas regiones del mundo, en África y en otros países, como Siria, Myanmar o Afganistán. En Colombia, el uso de menores por grupos armados se ha cuadruplicado en 5 años. Diversos estudios estiman que entre el 30% y el 40% del total en el mundo son niñas, invisibilizadas porque, además de combatir, son utilizadas como esclavas domésticas o sometidas a violencia sexual.