Película: Iván & Hadoum
© Lluís Tudela

Tradicionalmente, las personas trans del mundo rural han tenido que huir de los pueblos, para salir de la invisibilidad y la soledad a las que la heteronormatividad imperante condena a las disidencias. A las diferentes formas de discriminación que afectan a las personas del colectivo LGTBIQ+, se les han venido sumando las derivadas de las características específicas del mundo rural, un medio con frecuencia proclive al control social, los prejuicios, los rumores o la falta total de anonimato.

Pese a ello, en la actualidad, cada vez más personas LGTBIQ+ están decidiendo quedarse o incluso volver al mundo rural, reconquistando espacios de los que han sido excluidas. Allí generan redes que crean conciencia, visibilidad y fortalecen las posibilidades de habitar las disidencias también en los pueblos.

Es cierto que, a pesar de los avances sociales y también legislativos que les apoyan, la discriminación sigue siendo una lacra que afecta a muchas personas del colectivo en todas las esferas de su vida.

En el ámbito laboral en particular, la discriminación por identidad de género, y concretamente por ser persona trans, es una dinámica normalizada y estructural, que en el entorno rural se agrava. Esta discriminación se produce al intentar acceder a empleos, y también en entornos laborales hostiles, donde se violentan las identidades diversas. Hasta el 42% de las personas trans en España afirma haber sufrido discriminación en el empleo, según la Agencia de Derechos Fundamentales de la Unión Europea (FRA).

Desde la aprobación de la ley trans en 2023, más de 550 personas han cambiado su sexo en el Registro Civil en Euskadi (10.670 en el Estado español).