Se calcula que más de 9.000 nazis huyeron a Sudamérica tras la Segunda Guerra Mundial. Muchos de ellos rehicieron sus vidas viviendo en clandestinidad y eludiendo a la justicia en países como Brasil, Chile y Argentina. Josef Mengele, médico en el campo de concentración de Auschwitz, fue uno de ellos. Conocido como el “Ángel de la Muerte”, Mengele realizó experimentos mortales con prisioneros y seleccionó a miles de personas para su ejecución en la cámara de gas. Tras la guerra se refugió en Argentina, Paraguay y Brasil. Murió sin haberse sentado delante de ningún tribunal. Nunca mostró signos de arrepentimiento.

Junto a Sudamérica, España se convirtió también en un refugio importante para los criminales nazis. El régimen franquista dio cobijo a miles de miembros de las SS implicados directamente en los crímenes cometidos durante el Holocausto. Algunos estudios estiman que hacia 1947 alrededor de 40.000 nazis vivían en España. Muchos de ellos eran oficiales de alto rango sobre los que recaían peticiones de extradición. Los franquistas nunca hicieron caso a estas solicitudes. Franco devolvía al III Reich la ayuda prestada por Adolf Hitler al bando nacional durante la Guerra Civil española.

Un caso muy mediático fue el del nazi Léon Degrelle que, huyendo hacia España, se estrelló con su avioneta en la bahía de la playa de La Concha de Donostia. Vivió asilado en Málaga hasta su muerte en 1994. Siempre negó el Holocausto.

En Euskadi, aunque la presencia de nazis fue menor, hay casos documentados. La película Una esvástica sobre el Bidasoa (2013) reconstruye la presencia nazi en la frontera vasca y las redes de espionaje y refugio que operaron en Euskadi durante los años 40.