Película: Black Water

Bangladés es uno de los países más vulnerables al impacto del cambio climático. Situado en el delta del Ganges, Brahmaputra y Meghna, gran parte de su territorio es llanura aluvial expuesta a inundaciones, subida del nivel del mar y ciclones. Entre ellos, el ciclón Remal, en mayo de 2024, obligó a evacuar a 800.000 personas, además de arrasar a escala incalculable medios de vida ligados a la pesca y la agricultura.

Ello forzó desplazamientos masivos de población hacia las ciudades. Allí, muchas mujeres, para sostener económicamente a sus familias, se vieron abocadas a trabajar en condiciones de explotación laboral en alguna de las más de 4.000 fábricas textiles que existen en el país.

Estas mujeres son hoy rostros de la injusticia climática. La expresión alude a que las economías industrializadas generan la mayor parte de las emisiones acumuladas de C02, mientras que son países como Bangladés los que enfrentan las consecuencias más severas de un consumo desmedido y una producción industrial intensiva.

Frente a esta injusticia climática, jóvenes bangladesíes se movilizan en protestas ciudadanas. Denuncian que el calentamiento global es resultado de un capitalismo occidental depredador, que externaliza sus costes ambientales sobre los países más empobrecidos.

El Banco Mundial estima que para el año 2050, en Bangladés, 13 millones de personas podrían verse obligadas a desplazarse internamente por causas climáticas. La cifra asciende a 200 millones si se considera el conjunto del planeta. La Convención de Ginebra de 1951, que define quién es una persona refugiada, no reconoce todavía la figura de “refugiada medioambiental”.